Pasaban las 3 de la tarde, entre mundo y mundo, fuí entrando en uno totalmente distinto. Uno oscuro y desesperante. La cama me agarraba de mis extremos y sentía el peso muerto en mí. Mis ojos abiertos, atinaron a ver todo mi cuerpo y sentir que no estaba allí. La respiración, entrecortada, sacudía cada una de mis células, hasta llegar al cerebro y avisarle que me fuí, que ya no pertenecía a este mundo. Una mano imaginaria, me agarró de mis muñecas, para separar mis manos que las agarraban como una cadena de hierro, apretada. Quería gritar, quería pedir ayuda y que me sacaran de mi habitación, de mi estado vegetal. No sé en qué momento, un ruido lo tapó todo. Grité tan fuerte como pude, desgarrando mis músculos, hasta hacerlos retorcer. Sacudí la tonelada de mi cuerpo, que aferrado, no quería volver.
Silencio de nuevo.
Ojos abiertos, cuerpo en movimiento. Los maullidos del gato se escuchaban a lo lejos como un susurro en un bosque frondoso. Me estaban diciendo que ya puedo soñar en paz, de nuevo.
[...]
Giselle Paula.
Nicolas Bruno

1 comentario:
¡Qué lindo!
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