Como si aguantásemos la risa, nos ponemos el escudo y salimos a caminar. Pintando serias y rígidas nuestras muecas chiclosas, y dando una impresión, una imágen y semejanza, lejos, de ser naturales, de volver. Se escabulle una mueca, un sonidito que rechinchina entre los dientes, y agachamos la cabeza, corremos la mirada, siempre a la ventana. Lo guardamos, jamás lo compartiríamos. Es que es tan bochornoso ponerse a reír en frente de una multitud, que basta con hacerse el durito, para no resultar pisoteado...
A veces pienso que somos más grises de lo que creemos. Que vamos como hormiguitas por ahí, sin mirarnos, sin tentarnos... pero qué lindo es cuando te contagian una sonrisa, che. Se te va el disfraz al carajo. :)
Lyon, Juin '17.
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