Siendo Jueves 6/02, hemos llegado a Bolivia, luego de recorrer todo el NOA.
Miércoles 5, 1er día de cruce a la frontera. Por fin otro sello en mi pasaporte y ya entramos. Ferias, gente, comida, voces, calles... ya un tramito y era todo diferente. Cambié mis pocos pesos y obtuve menos, lo cual me hizo pensar en ese impulso de microemprendimiento, para seguir subiendo. No atiné a comprarme nada, salvo, hojas de coca, las cuales consumí por 1ra vez en Iruya, y me calmaron bastante. Acá, en Bolivia, nos sentimos faltos de oxígeno, pero nos la bancamos.
Tomamos el micro más barato y luego de mucho regateo, sacamos a 20 bolivianos, uno hasta Potosí, con 8 hs. de viaje. Eran las 8 pm y era, dormir en la terminal, para ir a Uyuni al 1er micro del otro día, o dormir en el micro y llegar temprano. Todo indicaba que iba a ser lo mejor, dormir en un semicama, y la ruta de Potosí a Uyuni, se supone que es más segura y hay 5 hs. de diferencia, que si hubiésemos ido a Tupiza. No dudamos y esperamos que el inquieto micro de la empresa "Panamericana", estacione.
Ya instalados, nos reímos un poco y escuchamos música. El micro frena, a eso de las 22 hs. aprox. Una dotación de militares, comenzaron a revisar con linternas (sí, nunca volvieron a prender las luces del micro), y como en una película, de forma abrupta, palmaron los bolsos de arriba. Mi shock, era enorme. Pero creo que la risa nerviosa, tapó un posible pre-colapso. Confiscaron un alimento para perros que al parecer, no se podía transportar. Un grupo de tres chicos, se iban pasando una mochila, por detrás de nuestros asientos (el de Agus y el mío). Sonaban botellas de vidrio y la situación de estar en los últimos asientos, no ayudó mucho...
Por fin, avanzamos y en completo desentendimiento, nos sentíamos ajenos por completo. Aparecía esa sensación de ya sentirse muy lejos de casa y empezar a absorber una cotidianeidad desconocida. Nos dormirmos.
4:30 a.m. Colectivo frenado, vidrios empañados del frío de madrugada y un insoportable dolor de muela. Quería mascar coca, quería dormirme nuevamente. Mi almohada de mochila con la cámara dentro, fué indicio de pura incomodidad, en la medida que transcurrió el viaje, pero era la salvación. Silencio, frío helado y yo, la única pasajera despierta, adolorida, incómoda, lejos.
El micro seguía quieto, y no podía entender por qué.
Se hicieron las 6, y las 1ras personas entre ellas, cholitas con niños, despertaron.
7 a.m. El micro seguía frenado y mi estado de nerviosismo absoluto, permanecía.
Estaba roto, y lo estaban arreglando. Minutos después, lo empujaron y por fin, volvimos al ruedo.
Agus, se portó y me prestó de frazada, su bolsa de dormir y su almohadón, el cual él ya había aprovechado durante la noche. Me fuí al fondo y me aniquilé.
9 a.m. Llegamos a Cotagaita, a hacer pis y compras cremositas (mmm...). Ya me sentía bastante mejor. Recorrimos con Agus, mientras Lili seguía durmiendo en el micro.
Pueblo humilde y diferente a todo lo ya conocido. Frutas, cholas, baños, casas a medio construír, calles en bajada, desagües, niños.
Me quedé con ganas de seguir recorriendo, pero el micro ya volvía a partir. Me dormí otra vez.
11 a.m. Ya es hora de levantarse, querida!
Entrando a Potosí: ciudad entre montañas, más calles en bajada. Ovejas pastando, perros durmiendo de forma sincronizada, niñas corriendo en uniforme escolar, por detrás, hombres excavando, camiones con niños uniformados, también, trabajando. Caritas sucias y perdidas. Calles mojadas, pozos, barro...
(Continuará...)
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