Es la segunda noche que llora de felicidad. Sus lágrimas, solo derraman una acumulación de energía, una belleza que percibe en los aromas en cada despertar. la caricia que al ver el sol, le da sonrisa. La luz que le aumenta el brillo a ese pensamiento ineludible de amor.
Como cada mañana, desayuna el recuerdo de su momento presente, ese que es ahora, ya, se despabila. Por las noches, el insomnio ansioso de planear inconscientemente, un mundo de conocer, al lado de ese alguien especial.
Llega la hora de verlo, llega el sonidito de tambores, llegan las ganas de besarlo y no querer soltarlo por nada en este mundo.
Él, le llena los huecos, le devuelve el cuerpo, el alma, las ganas de vivir, de soñar, de sentir, de querer llegar a cualquier destino. Él, la acompaña infinitamente.
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