En silencio, hablaban con el cuerpo:
Callaban al sonido, con el ruido de su respiración.
Los ojos, se enredaban por una cuerda imaginaria, que los acercaba un poco más.
El estómago, rugía.
Las manos, se perdían en algún hueco, y se encontraban decididas.
La nariz, buscaba un choque con el suave rostro ajeno. También se perdía.
Los labios, simulaban un temblor entre sonrisa y seriedad. La lengua, estaba relajada y no atinaba a asomar y humedecer los mismos.
Los oídos, estaban atentos a cualquier quiebre de ese silencio, para dejarse ir...
Increíblemente, el cuerpo, no se encontraba allí.
Se había perdido, entre tanto ruido interno.
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