Llovía, y la sincronicidad de sus palabras, iban con la intensidad, hasta apaciguarse y acabar en silencio.
Llovían las lágrimas del cielo de sus ojos, hizo diluvio.
Volvían a solearse con el amanecer, porque siempre hay un amanecer, y a ellos les gusta perseguir al sol, tanto como a un ave.
Aunque a veces, la noche los come, ellos, no se tragan sus palabras. Las sirven, las mastican, pero siempre las dicen.
Cada uno, hace su acción y dice su palabra. Cada uno sabe que es mejor callar o cómo es mejor accionar. Cada uno sabe, pero a veces no sabe y se les vuelca del corazón el diluvio con el sol. Quizás saben tanto, que les da miedo tener todas las respuestas y no poder verlas, no poder hacerlas parte de su día a día. Y aunque enferme ese retorcijón de sensaciones, sabe, sabe muy bien, atravesarlo al infinito, y en ese infinito, encontrarse consigo mismo.
2 comentarios:
Porque de tanto saber y de entender, ellos menos ven. Son los apasiguadores de los ojos, que de tanto andar, entendieron por si y no por otros, que crecer es sobrevivir y no autoexistir. Autocorrigiendo su error, con la ayuda de ella, vieron las cosas más claras y así se dieron cuenta de los temores mas profundos.
Nos hundimos, nos lastimamos y nos castigamos por cosas que no son, por miedo a perder y a dejar de ser.
Ellos solos se dieron cuenta, juntos pueden más y lejos van a llegar.
Si, lejos ellos van a llegar y no hay duda de eso.
Amarte :')
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