Un acuario en la panza.
Una tarde de sol de otoño en la cabeza.
Unas burbujitas atravesando con ternura, tus manos.
Un espejo de colores en el que sos un arcoíris.
Un destello de fuego, en tus orejas que se enfrían.
Todo, todo, proviene de un mismo lugar. De un mismo acorde, de una misma frecuencia, pero sin llegar a ser monótona.
Tus ojos se ríen, tu sonrisa, observa. Cambio de posición, de ubicación.
¡Dichosos sean los que se sientan así!
Dichosa tu voz, que me tocó el corazón...
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